La flor incorrupta

 

Portada de La flor incorrupta

Ilustrador: Pulo

Pulo

Tras el seudónimo de Pulo se esconde un amante del arte, las letras y sobre todo de los viajes; ya sean de verdad o inventados.

Pulo creó el blog Los cuatro elementos para disfrutar y compartir sus creaciones con los internautas. En sus imágenes, lleva el montaje digital hasta niveles de sugerencia difícilmente igualables. Cada obra suya se plantea como un viaje e invita a quienes visitan su web a que lo completen.

 

Según la leyenda, el rey Katól tuvo cuatro hijos. Cuando fueron hombres les reunió y les dijo: “Amados míos, nuestra estirpe fue próspera durante seis generaciones, y el secreto de esa prosperidad residió en una flor inmortal que una hada enamorada regaló a uno de nuestros antepasados, notorio por su belleza. Durante siglos esa flor estuvo oculta en cámaras secretas [del castillo], pero hace cien años alguien la robó y desde entonces la desgracia ha caído sobre nosotros. Los enemigos más crueles nos han asolado. Mi padre murió joven. Mi hermano nació loco. Vuestra madre, a la que tanto amé, desapareció en el mar […] Por eso, hijos míos, ahora que sois jóvenes, antes de que el infortunio os alcance, yo os envío en busca de la flor incorrupta. Volved con ella y recuperaremos nuestra suerte”.

Así habló el rey Katól.

A Roút, el mayor, lo envió a Noruega. Al segundo, cuyo nombre se desconoce, lo envió a Islandia. El destino del tercero, llamado Omanát, se ha perdido. Al último y más joven de los cuatro, Fanúl, lo envió a Escocia.
Las tablas que se conservan en el British Museum narran que Roút logró desembarcar en Noruega. Algunas de sus hazañas fueron recogidas apócrifamente en el Romance de Roút Pie de Tigre. Según este poema, el héroe abandonó la búsqueda de la flor incorrupta y se unió a un rey en la reconquista de su reino perdido, venció al dragón que detentaba el castillo y se casó con la princesa. Tuvo ocho hijos que se convirtieron después en héroes. Se escribieron canciones sobre todos ellos.

El segundo hijo de Katól, cuyo nombre no se conserva, viajó a Islandia. En ese punto se pierde su rastro. Ciertas fuentes folclóricas sugieren que se casó con la hija de un volcán y que fundó un reino en las nieves.
No existe documentación alguna sobre el periplo del tercer hijo, Omanát.

El cuarto, Fanúl, fue a Escocia. Allí preguntó de castillo en castillo por la flor incorrupta. Un día, en un sueño, se le apareció el hada que siglos atrás se había enamorado de su antepasado y le dijo que viajara hasta la isla más remota, donde encontraría lo que buscaba. Otras versiones sostienen que la revelación se la hizo un eremita que vivía en una cueva.

El príncipe hizo caso del sueño y fue en esa dirección. Desconocemos las correrías de Fanúl durante el viaje. Existen referencias dispersas, pero parecen añadidos posteriores copiados de otras leyendas.

Arribó a la isla una medianoche después de varios días navegando por el mar del Norte. En la ínsula había una torre iluminada por antorchas. La habitaba un anciano rey que dijo llevar años esperándole. En unas versiones este personaje le recibe en su lecho de muerte, en otras en su trono. El viejo monarca le dijo: “Viajero: yo, y todos mis antepasados antes que yo, hemos estado aguardando el día de tu llegada […] Sé que vienes en busca de algo [que yo poseo], pero que te pertenece, a ti y a los tuyos”.

El rey le mostró entonces un óvalo de cristal que se mantenía misteriosamente en pie y dentro del cual flotaba una flor.

El resto de la historia se ha perdido pese a los esfuerzos de los arqueólogos por recuperar las inscripciones originales. Se desconoce el final de la peripecia del joven Fanúl, aunque poemas épicos posteriores aportan diferentes desenlaces. En unos el héroe regresa a su reino con la flor incorrupta y en otros viaja al círculo polar, donde descubre una indeterminada tierra fantástica de la que no tenemos información.

José Miguel Vilar-Bou

Historia enciclopédica del mundo al revés