entrevista-imaginarios

 

Primero darte la bienvenida a la revista. Para nosotros es un orgullo que muchas mentes imaginarias descubran o conozcan mejor a un maestro del estilo.

Hola, para mí es un lujazo. Os leo siempre. Gracias por lo de maestro del estilo, aunque, desde luego, no soy ni maestro ni estilista. Lo divertido es aprender. Uno hará cosas interesantes mientras se sienta aprendiendo y yo, a mis 31 años, no podría pretender otra cosa. En cuanto al estilo, en realidad para mí sólo es un medio. Uno que permite contar las cosas de la mejor manera posible. No quisiera ser un estilista. Esos escritores que basan sus novelas en lo bien que escriben y en las cosas tan bonitas que dicen me parecen un poco timadores. En realidad donde me dejo la piel es en los personajes, en la historia y en lo que quiero decir con ella.

 

Para José Miguel, ¿quién es Vilar-Bou?

Uno que intenta pasar por la vida lo mejor posible sin dar por saco al prójimo y que, en el camino, no puede evitar contar historias.

 

Preséntanos, en una pequeña frase, cada uno de tus pequeños vástagos literarios.

Pues de ‘Los navegantes’ diría que fue un acceso de rabia que, por alguna razón, terminó hecho novela. ‘Alarido de Dios’ es una pregunta que le lanzo al lector para que la responda si sale vivo del libro. ‘La quietud que precede’ es el cambio que necesitaba después de dos novelas durísimas que me dejaron muy desgastado. Me moría de ganas de explorar el mundo de los fantasmas. ‘Cuentos inhumanos’ es un misterio para mí. Lo escribí en un momento de muchísimo optimismo. Me sentía feliz de día, pero de noche me sorprendía escribiendo estas historias tan… inhumanas. Quizás Freud podría explicarlo.

 

Viendo que tus obras están siendo publicadas en diferentes editoriales (Equipo Sirius o Grupo AJEC) e incluso las ofreces a tus lectores en tu página web, ¿en qué estado de salud está el mundo editorial de género en este país? ¿Qué recomiendas al escritor novel que desee ver publicado su primera obra?

Lo veo muy bien. Uno no se va a ganar la fama mundial escribiendo fantasía en español, pero sí al menos tiene a mano encontrar unos lectores y unas editoriales dispuestas a apostar por él. En fin, este año prácticamente todos los autores que conozco publican libro. Creo que el mundillo de la literatura fantástica es un terreno perfecto para aprender este oficio, para desarrollarse creativamente, para encontrar tu voz como autor.

 

¿Qué aporta el Vilar-Bou periodístico al Vilar-Bou novelista?

Pues todo, la verdad. El periodismo me ha permitido vivir en cinco países, meterme en lugares extraordinarios y conocer a personas increíbles por lo buenas o por lo malas. Además me ha enseñado a contar las historias con las palabras justas y exactas: sujeto, verbo y predicado. Las florituras no son para mí, a no ser que de veras le sirvan a la historia. Además, el periodismo y la literatura tienen el mismo motor: la curiosidad. Sin curiosidad uno no hace nada en la vida en general.

 

Hablando con otros escritores muchos difieren en el valor de la lectura. Unos lo ven como una obligación natural como el dormir o el comer y otros, sin embargo, creen que es un afición como jugar al golf, patinar o ver los Simpson. ¿Cuál es tu opinión? ¿Qué necesita un adolescente para encariñarse a las novelas?

Bueno, para mí leer es divertido y es una manera de satisfacer mi natural curiosidad. Cada vez que lees un libro conoces un poco más el mundo. Para que un adolescente se encariñe de las novelas, pienso, se le tiene que avivar esa curiosidad por el mundo, por las cosas, por las personas. Por desgracia el sistema educativo actual fomenta el conocimiento práctico y desprecia las humanidades (filosofía, literatura). No se enseña a los chavales a ser críticos, a hacerse preguntas. Estamos más interesados en formar consumidores que ciudadanos.

 

¿Cuál es la misión de una novela? Entretener, divertir, adoctrinar, hacer pensar… ¿Pretendías algo en concreto al ir escribiendo tus novelas?

Bueno, yo paso de escribir novelas que tengan la misma finalidad que un sudoku. Me gusta divertir. Para algo he escrito dos novelas de aventuras. Pero pienso que la literatura tiene demasiado poder como para quedarse sólo en pasatiempo, que también está muy bien. Una buena novela te da ideas, te da conocimiento, aumenta tu punto de vista sobre el mundo, te cambia, te hace pensar, te conmueve, te acompaña, te enriquece. Puedes ser divertido, pero también puedes hacer todo lo demás. El ejemplo prototípico, pienso, es el Quijote. Cervantes te mata de la risa, pero te regala una biblioteca entera de sabiduría.

 

¿Qué opinas de los libros electrónicos? ¿Cambiarán el paradigma del hábito lector?

Lo cambiarán. Sin duda. Cambiarán muchas cosas. Creo que viviremos tiempos interesantes. Pero no creo que el libro en papel vaya a morir. Aquí en Londres me compro libros de segunda mano por una libra y media. ¿Iba yo a gastarme más en un archivo informático?

 

Por último, ¿qué es lo primero que piensas al leer estas palabras?

  Mañana:

Pienso en las seis y media de la mañana, que es la hora a la que me levanto, y no me hace ninguna gracia.

  Serbia:

Un lugar al que quiero volver, del que tantísimo aprendí y donde dejé algunas personas que aún se acuerdan de mí.

  Internet:

Una revolución en la que vivimos, con sus cosas buenas y sus cosas malas. Todo está más al alcance. Pero también todo es más efímero. Debo decir que como autor se lo debo todo a Internet.

  Novela:

Una palabra que a lo largo de los siglos ha ido cambiando de significado. Y seguramente seguirá haciéndolo.

  Fantasía:

El género literario al que siempre vuelvo. Un terreno con muchas regiones aún inexploradas. Intento siempre alternar un proyecto fantástico con otra realista. Mi lado periodista me exige uno y mi lado fabulador me exige el otro.

  Imaginarios:

Una revista a la que se ve enseguida que está hecha con cariño y con mucho trabajo, y que vengo leyendo desde el primer número.

Gracias por tu amabilidad y desde la revista te deseamos el mayor de los éxitos en cada uno de tus proyectos. ¡Estaremos al tanto!

Ya os contaré qué tal me va.